Briante é unha asociación sen ánimo de lucro que fomenta a imnovación social dende unha metodoloxía solidaria, participativa e cooperativa
Entre os nosos obxectivos está o fortalecemento das redes sociais, a integración social e laboral de rapaces e outros colectivos con dificultades de inserción. Así como participar e apoiar ás entidades de desenvolvemento local e outras formas de organización económica democrática.
A cooperativa HORSAL fomenta a incorporación de mozos á produción hortícola baixando a achega de capital de 3.000 € a 305€
En plena crise, a cooperativa hortofrutícola de Cambados está a detectar un importante incremento no número de persoas da zona que están perdendo os seus postos de traballo e que poden atopar unha digna saída laboral iniciándose na produción de produtos de horta.
Animados polos resultados favorables do exercicio económico do 2011 e decididos a dimensionar a entidade, os socios da cooperativa, reunidos en Asemblea Xeral a semana pasada, decidiron apostar por unha baixada importante no capital necesario para converterse en socio, pasando así, de esixir 3.000€ a 305€. Deste xeito, ao mesmo tempo que aumentan a produción, contribúen a dar saídas profesionais a moitas persoas que o necesitan.
Para formar parte da cooperativa deberán dispoñer tamén de un mínimo de 2.000m2 de terreo onde situar invernadoiros. Neste punto, lembran que a Consellería do Medio Rural vén de publicar unha liña de axudas para a modernización das explotacións agrarias e para a incorporación de mozos á actividade agraria que pode ser de gran utilidade para emprendedores que queiran iniciar unha actividade agraria, xa que subvenciona as inversións iniciais. O prazo de solicitude remata o 11 de xuño.
Dende a cooperativa lembran que non é necesario contar con coñecementos previos dado que eles proporcionarán os servizos técnicos e asesorarán aos novos socios sobre todo o que precisen saber para acadar, con éxito, unha produción de calidade.
Esta cooperativa, situada en pleno corazón do Salnés, conta cunhas modernas instalacións nas que procesa a ampla gama de produtos que comercializa. Fundada en 1985, conta con 150 socios e é unha das 5 cooperativas galegas que asinaron en xuño do ano pasado, co apoio da Asociación Galega de Cooperativas Agrarias (AGACA), un acordo de comercialización con Vegalsa- Eroski, unha das compañías máis relevantes da distribución alimentaria en Galicia, garantido así a presenza dos seus produtos nos supermercados de toda Galicia.
Horsal comercializa leitugas, pementos tipo Padrón e doutras variedades, repolos, cebolas, tomates, feixóns, etc., destacando en volume a produción de pementos e leitugas.
Os interesados poden achegarse, en persoa, á propia cooperativa para solicitar información, chamar ao teléfono 986 542195 ou contactar a través de horsal@horsalscg.com. A páxina web é www.horsalscg.com
Monedas locales y ecológicas para la soberanía monetaria Dídac Sanchez-Costa i Larraburu (*) Históricamente los movimientos progresistas y ecologistas han dejado bastante de lado el estudio y la redefinición de lo que es el dinero. Se entendía que éste formaba parte de un ámbito alejado de las inquietudes sociales y humanistas; un terreno innecesario para construir utopías y mundos mejores, en los que probablemente el dinero no existiría. Esto ha dejado prácticamente intocado y en manos de las fuerzas conservadoras la comprensión de esta partícula fundamental con la que organizamos nuestras sociedades. Ha impedido, más allá de unos pocos experimentos puntuales, desarrollar propuestas sólidas que puedan constituir alternativas viables a la moneda eco-ilógica y antisocial. Desde la contracultura ecologista y la economía alternativa se han abordado muchos terrenos como las finanzas éticas, el comercio justo, la agroecología o las cooperativas de consumo, pero la mayoría funcionan íntegramente con moneda oficial, ya que no se percibe una diferencia real entre ésta y otros sistemas monetarios alternativos. Sin embargo recientemente han surgido en todo el mundo nuevas monedas emitidas a escala local por las comunidades, con un fuerte carácter solidario y cooperativo, y han mostrado que de este modo se consiguen generar muchos efectos positivos, algunos de los cuales están directamente vinculados con la soberanía alimentaria. Las monedas sociales, también llamadas locales, complementarias o alternativas han cobrado fuerza e interés en los últimos años, especialmente tras el inicio de la crisis, y están construyendo propuestas replicables de distribución alimentaria bioregional de carácter solidario y ecológico. ¿SOBERANÍA ALIMENTARIA EN EUROS? Del mismo modo que no podemos tener soberanía alimentaria cuando unas pocas empresas dominan de forma oligopólica el mercado alimentario, tampoco podemos tener completa soberanía como ciudadanos cuando unas pocas empresas, en este caso grandes bancos privados (algunos disfrazados de públicos bajo las siglas de centrales o reserva federal) son los únicos que nos emiten las unidades con las que medimos nuestras actividades económicas. ¿Qué es una moneda? La venta de dinero que hoy hacen los grandes bancos a gobiernos y ciudadanía, es como si unas pocas empresas nos vendieran los centímetros con los que medir las distancias. Una herramienta de medida para facilitar los intercambios, que existe desde hace milenios, se ha convertido desde hace pocos siglos en una nueva mercancía, que puede ser comprada y vendida, lo que supone un gran negocio y a la vez el fin de aquello por lo que fue creado inicialmente el dinero. Quienes detentan el control de la creación de dinero tienen un poder, como reconoció un Rotschild en 1880, muy superior al del mayor Imperio. Este dinero se vende con intereses, lo que en realidad es un modo encubierto de opresión de las élites sobre el resto de la sociedad, pues siempre los más ricos tendrán en los bancos, dinero para prestar, y siempre las gentes más pobres deberemos pagar por acceder a él. Por tanto, si no ejercemos un control democrático y social de esta herramienta tan fundamental en nuestras sociedades, éstas tendrán una dudosa calidad democrática, y se ejercerá una opresión y una forma de neo-esclavismo sutil y casi invisible sobre las mayorías sociales. Y eso es lo que vemos hoy con nitidez en todo el planeta. La actual crisis y su resolución demuestran que, efectivamente, unas pocas corporaciones y firmas financieras disponen de un control sobre nuestras sociedades y gobiernos prácticamente ilimitado. La ignorancia acerca de algo tan central y de uso cotidiano como es el dinero, que no sólo nos ocurre a los ciudadanía de a pie sino también a muchas y muchos economistas, se debe en buena medida al hecho de que las mismas fundaciones y centros de investigación que apoyan determinados estudios en fertilizantes, semillas transgénicas o usos del petróleo, pero bloquean otras investigaciones en energías renovables, también se han ocupado de que los centros de estudio de economía desconozcan la naturaleza del dinero. Y que autores como Silvio Gessel, de quien Keynes dijo que la humanidad aprendería más que de Marx, y que se dedicó a esto, con su obra central cuyo título es ‘El orden económico natural' sean completos desconocidos en las facultades de economía. Gessel ya apuntaba hacia 1920 que el dinero con intereses positivos que hoy conocemos, es anti natural, ya que se distingue de todo lo demás en la Tierra, que o bien pierde valor con el tiempo o bien su almacenamiento implica un coste. Apuntó que, de seguir igual, toda nuestra economía acabaría siendo financiera, y no real, como ocurre hoy. En lugar de eso, para lograr tener una economía sana y por tanto con un dinero que circulara con más velocidad Gessel propuso los intereses invertidos o la moneda oxidable, que en lugar de ganar valor con el tiempo, lo perdía. Muchas monedas sociales siguen hoy ese principio, y ya en los años 20 un pequeño pueblo de Austria lo hizo, con tanto éxito y generación de empleo y riqueza local, que el Banco Central de Austria, temeroso de que la experiencia se replicara y acabara con el gran negocio de la banca, forzó la prohibición del experimento. ¿Es necesaria una nueva moneda? Así como las patentes determinan las diferencias entre las semillas circulando libremente o no entre el campesinado, en el campo monetario la principal diferencia entre las monedas corporativas que hoy usamos y las monedas sociales es que éstas no disponen de intereses; además se emiten desde la comunidad local, en cada nuevo intercambio, son tan abundantes como riqueza real hay en cada comunidad, y son una forma de medir la economía, no un bien en sí mismo con el que se pueda comerciar. En lugar de seguir comprando a un lobby cartelístico de bancos privados los centímetros con los que medimos nuestra economía, los construimos nosotras y nosotros mismos en la región, para tener de este modo soberanía monetaria con la que acceder a la soberanía económica: los medios con los que se distribuye la riqueza y la producción local entre las y los habitantes locales. Refuerzo de la soberanía alimentaria Si todo ello es cierto a un nivel social amplio, lo es aún más en un nivel más próximo y vinculado a la agricultura y la distribución alimentaria. Las experiencias de las monedas sociales han mostrado que logran en muy poco tiempo generar efectos muy positivos, muchos de los cuales están directamente vinculados a la soberanía alimentaria. Permiten relocalizar la economía, proteger a las pequeñas explotaciones ecológicas y familiares, el comercio local de proximidad, evitar los alimentos quilométricos y construir una barrera sólida, pero a la vez pacífica y sencilla ante las grandes corporaciones. Ayudan también a generar lazos económicos y de confianza estables que regeneran los tejidos sociales. Son modelos por tanto, de soberanía económica, comercial y monetaria. Estas experiencias se desarrollan en un determinado pueblo o región, con modelos locales propios, que pueden ser replicados en otras regiones de manera parecida, pero con diferencias en función de la idiosincrasia local de cada lugar. Así es como crecen, replicándose. Algunas de ellas, todavía con la incertidumbre que caracteriza las actividades del tercer sector y la economía social, donde muchas tareas son de carácter voluntario, ya se han consolidado como modelos viables de reorganización de los procesos económicos y sociales. Casi siempre trabajan sin ningún apoyo de las administraciones públicas, generando plataformas ciudadanas más sostenibles, ecológicas, socialmente justas y más alegres, construyendo nuevos espacios de socialización y recuperación de los tejidos sociales que ni el mercado ni las administraciones públicas han logrado articular. Ayudan a crear, junto con otras propuestas de soberanía económica como las cooperativas de consumo o las AMAP's ([1]), un mejor encaje sistémico entre los métodos de cultivo y los métodos de distribución ecológicos, convirtiéndose en nuevos mecanismos, que en lugar de ser de carácter industrial, son también ecológicos, de principio a fin del ciclo del producto. Es también una forma de revitalizar y redescubrir las riquezas de las comunidades locales, reduciendo el consumo de alimentos agroindustriales y redibujan el escenario de la distribución agroalimentaria desde nuevos modelos más ciudadanos y ecologistas de distribución. Se configuran como una posible alternativa a la crisis estructural del campesinado en el campo, a la ausencia de soberanía alimentaria o en la preservación de variedades y usos bioregionales. Consiguen cerrar el ciclo de la opción ecológica, al pasar de la reivindicación a la acción comunitaria y autogestionada, volviendo a lo local, a la escala humana. Distintas soberanías Del mismo modo que los movimientos por la soberanía alimentaria tratan de reapropiarse de la decisiva capacidad de producir los alimentos en cada región para que ese poder no caiga en manos de intereses foráneos y sin inquietudes por la resolución de las necesidades locales, no menos importante es alcanzar otros tipos de soberanías en otros campos para construir verdaderas democracias como son la soberanía tecnológica (Free Software, Open Source Ecology), la soberanía en el trabajo (cooperativismo, colectivizaciones), en la distribución cultural (creative commons, copyleft, cultura libre), en la pedagogía (escuelas libres, educación en casa), en la energía (microgeneración, energías renovables y libres), etc, hasta alcanzar un tipo de soberanía aún más estratégica y central: la monetaria, que permite potenciar y unir estas propuestas desde su autonomía, en un nuevo mercado social hecho a escala humana; tal vez la única escala en la que podemos encontrar la libertad, la igualdad, la participación, y por tanto la democracia.
Ejemplos en el mundo Encontramos en el mundo muchos tipos distintos de monedas; los LETS (Local Exchange Trade Systems), las Ithaca Hours en el estado de Nueva York; las monedas en formato papel en Sur América; los SEL (Systèmes d'Échanges Locales) en Francia; las Regio en Alemania o las monedas de las Transition Towns. En Cataluña vemos un modelo muy interesante que combina lo que vendría ser una red de intercambio con una cooperativa de consumo. Las ECO REDES. Esta unión hace que sea un modelo muy completo, que logra resolver una necesidad a menudo no cubierta en las redes, como es la existencia de productos básicos de alimentación, y ofrece a la vez a las y los campesinos locales la posibilidad de contar con nuevos mercados locales y sociales en los que puede ganar no solo moneda social, sino también los euros que necesita para su explotación. Las Eco Redes son modelos de economía solidaria, cooperativa y ecológica bioregional, que a la vez que se organizan de modo autónomo en cada región, mantienen lazos permanentes y relaciones sociales y económicas con las demás redes, en una especie de confederación de economías regionales basadas en la democracia directa o asamblearia. Las Eco Redes consisten, en síntesis, en un nuevo modelo que lleva a cabo la unión de una red de intercambio con moneda social con una cooperativa de consumo. Todos y todas comenzamos con 0 ecos, y cualquier usuario puede ganar moneda social al ofrecer cualquier bien o servicio a otro usuario de la red. También se pueden comprar ecos a cambio de euros 1 a 1. Esto lo hacen sobretodo las y los consumidores de la red o visitantes en las ferias (familias e individuos que no quieren participar activamente como usuarios, sino que desean tan sólo consumir algún producto o servicio ofrecido por algún usuario). Al hacer este cambio de moneda ingresan en la red euros que se destinarán, como si se tratara de una cooperativa de consumo, a la compra de productos básicos de alimentación a productores cercanos que aceptan un 10 o un 20% en moneda social. Estos productos se traen a la siguiente feria de trueque, o bien, si se dispone de un local permanente, se dejan allí en lo que en Cataluña se llaman Centrales de Compras Colectivas o Eco Tiendas donde se distribuyen íntegramente en moneda social. El principio de transición Ha sido fundamental entender el principio de transición, del mundo en el que hoy vivimos hacia la utopía a la que queremos ir. Si las redes exigieran una aceptación del 100% en moneda social a las y los productores, éstos acabarían teniendo demasiada, lo que sería un problema y podría comprometer su economía, cuando lo que se pretende es ayudar. En cambio los porcentajes graduales de aceptación permiten que todos ganen. El campesinado logra ingresar euros para mantener su granja, logra establecer un vinculo seguro y permanente con un mercado próximo y amigo, logra algunos ecos o moneda social con los que abastecerse de algún servicio o producto de la red que le puede servir en su granja o en los gastos corrientes de su familia (una clase de idiomas para su hijo, p.ej.). Y la red logra disponer de productos básicos que hacen de este sistema, ya no solo una experiencia simbólica y festiva de encuentro vecinal sino el inicio de una alternativa completa al capitalismo industrial. Vemos, pues, que las monedas sociales y ecológicas no son el único medio ni el más importante, pero sí parece que sin ellas será difícil lograr un cambio real. Dídac Sanchez-Costa i Larraburu Sociólogo, escritor y activista. Miembro de las Ecoredes, la Cooperativa Integral Catalana el movimiento 15M y la Colonia Colectivizada de Ca la Fou www.ecoseny.net, www.ecoxarxes.cat www.cooperativaintegral.cat www.ecolonia.cooperativaintegral.cat http://cooperativa.ecoxarxes.cat Facebook: Didac S.-Costa, Xarxa Ecoseny didacscosta@gmail.com
[1] de Association pour le Mantien de l'Agriculture Paysanne (Teikei en el Japón o CSA (Community Supported Agriculture) en los EE.UU). En ellos, los consumidores toman un rol mucho más activo y solidario con el productor, con visitas y trabajo en las granjas y un pago por avanzado de la cosecha. La nítida frontera entre productores y consumidores se desdibuja, ya que éste se convierte en una especie de accionista de la granja, pudiendo tomar decisiones acerca del tipo de cultivo, productos, calidad o formas de pago. Articulo de Revista Soberania alimentaria, biodiversidad y culturas n°8, enero 2012
O Foro Social de Ferrolterra manda catro vídeos que se corresponden a unhas aulas no Máster de Cooperación ao Desenvolvimento do IIDL -Instituto Interuniversitario do Desenvolvimento Local- na UJI -Universitat Jaume I de Castelló-, impartidas por Arcadi Oliveres i Boadella, economista catalán e un recoñecido activista pola xustiza social e a paz. Estas aulas duran catro horas, son moi recentes, foron impartidas o 24 de Outubro deste ano 2011, hai uns días, e expón dun xeito moi claro a situación mundial, a análise e diagnóstico, tamén fala do que podemos facer, tanto no plano colectivo, como no plano persoal.
Soluciones caseras. Tres años de crisis han llevado a muchas familias y empresas al borde de la quiebra. El alto endeudamiento y, sobre todo, la falta de crédito imposibilitan su recuperación. No obstante, cuanto mayores son las adversidades a superar mayores tienen que ser las soluciones a presentar. Las comunidades CAF llegan a Murcia.
Raúl Contreras, economista y miembro de Ashoka (organización mundial de emprendedores sociales galardonada con el premio Príncipe de Asturias de Cooperación), es el encargado en Valencia y Murcia de presentar y explicar qué son las Comunidades Autofinanciadas (CAF) y cuál es su función principal: «La esencia de las CAF radicaen que las personas, con sus propios ahorros, se financien a ellas mismas y a su entorno, al tiempo, que esta actividad les reporte más ahorro».
Así es. Las comunidades autofinanciadas son un ‘invento' financiero en sí, más que algo tangible: «En realidad es un proceso de aprendizaje de ahorro y gestión financiera en el que los interesados depositan dinero y otros, o ellos mismos, hacen uso de él a coste prácticamente cero». Aunque Contreras se lo sabe al pie de la letra confiesa que la idea no es suya sino de su compañero Jean Claude Rodríguez, también economista y miembro de Ashoka: «La idea es de Jean Claude y desde Nittua [la Ashoka valenciana] le ayudamos a difundir las claves de la Asociación de Comunidades Autofinanciadas (ACAF) en nuestra ciudad».
En Murcia, es la asociación Cepaim la que sirve de altavoz para difundir las bondades de esta iniciativa, por la que ya se han interesado varios particulares y alguna que otra organización solidaria como el Movimiento 15-M.
Y es que, según Contreras, estas agrupaciones económicas podrían ser la solución perfecta al problema de liquidez de los pequeños comerciantes, incluso de las pymes. No obstante, la receta ha encontrado su ‘caldo de cultivo' especialmente entre el colectivo inmigrante y, sobre todo, entre las mujeres, según nos cuenta Luigi Carongi, responsable de Cepaim en Murcia.
«De hecho, a la sesión informativa que se organizó en Murcia para informar de esta iniciativa, a la que acudió el propio Raúl Contreras, se invitó sobre todo a inmigrantes de la Región, ya que este tipo de proyectos necesitan del factor confianza, es decir, deben realizarse entre personas que se conozcan entre ellas y puedan responder unas de otras».
Por su parte Raúl Contreras asegura que las comunidades triunfaron, en principio, entre las clases con más problemas económicos y los grupos de inmigrantes por dos razones: «Era la solución perfecta para los posibles imprevistos que les podían surgir como facturas, repatriación de cadáveres o viajes de vuelta a su país así como el hecho de que están más familiarizados con estas prácticas».
Sin embargo, cada vez son más las razones que mueven a los españoles a aventurarse en el mundo del colectivismo económico: «En Cataluña ya existe la primera comunidad de empresarias, cada mes ahorran una cantidad que después se reparte según las necesidades. Al mes siguiente, o cuando se haya pactado por el grupo ya que todo se regula en función de los estatutos acordados en la primera reunión, el prestado deberá devolver el préstamo con un interés X».
De esta manera, la comunidad consigue una rentabilidad para sus ahorros cuando se ‘cobra' el interés, por lo que, según explica Contreras, «el diferencial a pagar sale a cero para el usuario mientras que la comunidad siempre gana».
En Murcia, el responsable de Cepaim ve la viabilidad de este modelo en los barrios de la capital, donde podría llegar a ser la solución para los pequeños comercios que no pueden acceder a un crédito para sus pequeños gastos o reformas. Esa es precisamente la fórmula que defiende el Movimiento 15-M, que se ha interesado en difundir las Comunidades Autofinanciadas por los barrios murcianos, tanto entre el colectivo inmigrante como entre autóctonos, explica Carongi.
Y no solo entre particulares, ya que son varias las entidades solidarias o sociales que podrían sumarse a esta iniciativa, algo similar a lo que ocurre en Valencia.«Llevamos un par de años en Valencia y sabemos que hay algunas CAF ya montadas pero más en el ámbito social, aunque se han desvinculado de la asociación estatal». Las comunidades a las que hace referencia son dos, una de personas en riesgo de exclusión social y, otra, de gente sorda en la que los beneficios se dedican a una fundación. A su vez, Contreras apunta que también muchos ayuntamientos valencianos, al enterarse del ‘invento', han empezado a crear estos grupos económicos.
Muchas veces, sin embargo, se tiende a confundir las CAF con los microcréditos. «La diferencia reside en que, en nuestro caso, nos financiamos de puertas para adentro, nunca pedimos dinero ni a bancos ni a ONG lo que nos reporta beneficios directos como no tener que presentar un aval económico para pedir un préstamo», explica Contreras.
En realidad, en las agrupaciones sí que se pide un aval, pero social: «el que se pide es de confianza, todo lo contrario que en la banca, para entrar en una comunidad tienes que ser invitado por alguien que sepa que vas a cumplir».
Respecto al riesgo de impago, Contreras contesta tajantemente: «El riesgo es bajísimo, desde que empezamos solo ha pasado una vez». Y añade «Los integrantes, generalmente, solo pueden pedir 4 veces más de lo que han ingresado y, a su vez, deberá estar respaldado por dos miembros al 50%». Contreras confiesa que las fases que se han de ir superando para llegar a formar parte de un colectivo hace que a la hora de pagar «la presión social sea muy grande».
Sobre el futuro de las comunidades, Contreras se muestra optimista: «Ahora son los empresarios quienes empiezan a montar las CAF. Quién sabe dónde puede llegar. El límite siempre está en la misma comunidad y en la confianza que puedan guardar entre sus miembros».
Mientras que en Valencia las CAF ya son una realidad, en Murcia son todavía un hermoso proyecto por concretar, «aunque ya hemos plantado el germen. Lo que ocurre es que se trata de un proceso lento, que requiere de gran consenso y negociación porque el principal aval es la confianza», explica Carongi.
El Banco Ético y la Red de Economía Alternativa y Solidaria tendrán sede en Murcia
Las Comunidades Autofinanciadas (CAF) surgen al abrigo de otras iniciativas económicas solidarias que ya funcionan en España como la banca ética, a la que también se conoce como banca social, sostenible, alternativa o responsable, o la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS). La banca ética, que en España funciona a través del Proyecto Fiare (Fundación para la Inversión y el Ahorro Responsable), es un tipo de entidad financiera cuyo objetivo prioritario es financiar proyectos y actividades beneficiosos social y medioambientalmente a la vez que conseguir rentabilidad económica. Las REAS, por su parte, están compuestas por más de doscientas entidades agrupadas en redes territoriales y sectoriales en todo el país, cuyo objetivo es potenciar, apoyar y coordinar las iniciativas asociativas, empresariales, económicas y financieras que están comprometidas con la igualdad, el empleo, el medio ambiente, la cooperación y la preocupación por el entorno y, sobre todo, que no tengan ánimo de lucro.